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jueves, 18 de diciembre de 2008

Lilu y el último Dragón (cuarta parte)

Lilu se acercó al pueblo, las casas eran rústicas y no muy ostentosas, con grandes balcones de los que colgaban enredaderas con flores de muchísimos colores, colores de tonos pastel. Era poca la gente que andaba por los interiores del poblado, todos parecían alegres, había niños jugando con el agua de una fuente que reposaba en medio del lugar y al parecer servía como plaza central, señoras acarreando esta misma agua hacia sus casas, un par de tenderos en la orilla de un camino, dos jóvenes platicando en la entrada de una taberna, todo transcurría en tranquilidad.

Observó detenidamente, buscando una casa de paso para los visitantes, caminó a través de la entrada principal y se dirigió hacia la fuente, desde ahí tendría una vista más amplia del lugar.

Cuando llegó a la fuente y comenzó a investigar a su alrededor, se acercó una joven de estatura media y edad aproximada a la de Lilu, quizá de 6 lunarios (tomando en cuenta que un lunario consta de 300 lunas), cabello oscuro abajo del hombro, ojos color café, nariz recta y una mirada amigable. Se detuvo frente a Lilu y al mismo tiempo que extendió una sonrisa le dijo; “Debes ser una visitante, nunca te había visto por aquí.”

Lilu, notando el amigable encuentro y amenizada por el escenario, respondió con una sonrisa “Si, estoy de paso y busco un lugar para pasar la noche”.

“Muy bien, en eso creo que te puedo ayudar” contestó la joven, “Mi nombre es Cylia, bienvenida a Seymor” y extendió la mano. Respondiendo el saludo y contenta por el buen recibimiento Lilu contestó: “Yo soy Lilu, muchas gracias”.

“Para estar de paso y por una sola noche vienes ligera de equipaje, no hay muchos pueblos por aquí, al menos no a muchas lunas alrededor… ¿De dónde vienes?” Preguntó Cylia con curiosidad. “Vengo de Linois, del otro lado del bosque de las cien sombras”.

Al decir esto, un hombre que pasaba cerca alcanzó a escuchar la respuesta, volteó rápidamente y su rostro se llenó de asombro, sus ojos parecían saltar de sus orbitas y mostraba una expresión como aquella de quien ha visto a un muerto. Cylia frunció el ceño y molesta se dio la media vuelta y se marchó hacia el lado opuesto de Lilu, dejándola sola en la fuente.

Lilu, contrariada, no entendía nada de lo que sucedía, miró al hombre, quien al sentirse perturbado (y al parecer asustado) apresuró su paso hacia la taberna. Lilu quería una explicación de aquél extraño comportamiento y fue detrás de Cylia, preguntando al alcanzarla. “¿Qué pasa?, ¿Dije algo malo?” Cylia volteó aún molesta y le respondió abruptamente “No sé a quién quieres tratar de impresionar o engañar, nadie sale vivo de ese lugar, y según tenemos entendido ese bosque es perpetuo, nada existe detrás de él. Te ofrecí mi amistad y me respondes con mentira, no me interesa tratar con alguien como tú”. Se disponía a seguir con su camino, pero Lilu insistió “Es verdad, te lo juro, puedo contarte todo del lugar del que vengo, ¿Qué otra explicación habría para que yo me encontrara aquí?”

Cylia, interesada en la situación, examinó a Lilu y poco a poco fue cambiando su expresión… “No lo sé, es extraño, para ser honestos el tipo de vestimenta que utilizas no me es nada familiar. De hecho creo que jamás he visto algo similar, ni siquiera en pueblos como Galek” Meditó por un par de segundos… “Suponiendo que es verdad, ¿Atravesaste el bosque por tu cuenta?” Dudó suspicazmente.

“Si, vine yo sola, sé que te resulta difícil de creer, pero si me das oportunidad de platicarte mi historia tal vez me comprendas” respondió Lilu.

Cylia pensó que la pequeña Lilu quizá desvariaba o sufría de alguna enfermedad desconocida, pero dada la situación, no tenía nada más que hacer y podría averiguar de cierta manera dónde se conseguía una vestimenta tan extraña como esa. “Está bien, ven, te mostraré la posada”.

Fueron juntas a la posada, donde una vez dentro del cuarto y con más calma, Lilu pudo contarle a grandes rasgos cómo es que inició su platica con el buen anciano hasta la forma como había terminado en aquel pueblo de Seymor, cuidando siempre sus palabras para no decir nada de los valiosos objetos que llevaba con ella, pero detallando el camino por el bosque de las cien sombras con la intención de aclarar las dudas de Cylia, y quizá recabar información del misterioso suceso y las extrañas plumas.

“¡Vaya!, Lo cuentas como si en realidad lo hubieras vivido. Por otra parte me convence la parte de la bestia o lobo, o lo que fuere, eso es una explicación más certera a la desaparición de quienes lo han intentado, y si a eso le sumo tu extraño atuendo podría llegar a creerte. Sin embargo no me explico las marcas del camino y la repentina muerte del lobo.” Expresó Cylia mientras analizaba a detalle los sucesos, desconfiando aún de los hechos.

Lilu agregó “Yo tampoco podría explicarte el cómo sucedió, es todo lo que sé, no te pido más que me creas, mañana partiré para seguir mi camino, muchas gracias por acompañarme hasta aquí y por escucharme”.

Cylia dejó asomar una sonrisa y contestó “Como sea, necesitas descanso, mañana por la mañana no olvides pasar a mi casa, está frente a la fuente y tiene un símbolo de un triángulo dentro de un círculo sobre la entrada. Te prepararé algo de alimento, si en verdad piensas atravesar la estepa y llegar a Galek necesitarás ir con el estomago lleno”.

Después de esto Cylia se retiró del cuarto. Lilu se recostó en la cama, mirando hacia el techo y pensando, mas no por mucho tiempo ya que tanta emoción la había dejado exhausta y no tardó en caer dormida.

Un poco de luz se asomó por la ventana, Lilu despertó y después de un buen esfuerzo para levantarse se dirigió al balcón. El día estaba despejado, las flores despedían un aroma frutal que relajaba los sentidos e incitaban a un buen y merecido baño. Después de una larga ducha, Lilu bajó las escaleras y salió de la posada.

Se dirigió a la fuente y observó durante el camino que las todas las casas eran similares, no había alguna que tuviera ningún tipo de símbolo en especial, sólo una, frente a la fuente como lo había dicho su amigable anfitriona. Se acercó y antes de entrar miró detenidamente aquel símbolo, un triángulo dentro de un círculo. ¿Qué podría significar? Sin más rodeos entró a la casa y encontró a Cylia junto a la mesa, ya servida con un par de platos que contenían una abundante ración de frutas y un estofado que sin importar lo que tuviera tenía una excelente apariencia.

Comieron juntas, y terminando de comer, sin recoger platos ni realizar ninguna otra actividad, Cylia tomó una mochila que estaba en una esquina y dijo a Lilu; “Pues bien, vayamos a Galek”. Lilu, confusa, preguntó “¿Cómo? ¿Tú también irás?”

Cylia sonrió “Si, de vez en cuando me aventuro para visitar Galek, Seymor es pequeño y no tenemos gran variedad. De allá traigo algunas cosas que me sirven de víveres y otras tantas para… bueno, como sea. Nos haremos compañía hasta llegar allá. ¿Te parece?”.

Naturalmente Lilu estaba contenta de tener compañía en aquel tramo del recorrido, qué mejor que fuera alguien que conocía los alrededores y tan amigable como lo era Cylia.

Salieron de la casa y caminaron, hacia la estepa de la demencia…

Continuará...

lunes, 24 de noviembre de 2008

Lilu y el último Dragón (tercera parte)


Lilu llegó a casa y comenzó a pensar en todo aquello que debería llevar a un viaje tan largo. “Debo llevar muchos alimentos, agua, cobijas, ropa…” Y comenzó a contar más, y más, y más cosas, hasta que se dio cuenta que necesitaría como mínimo tres carretas para llevar consigo todo lo que quería. Momentos después, fue más coherente y pensó que solo necesitaría un cambio de ropa y alimento para dos lunas. La naturaleza era basta, los alimentos los podría conseguir en su camino a través de los árboles y pueblos, y podía lavar su ropa en los ríos y lagos que se atravesaran en su camino.

Esa noche fue la más larga de su vida, poco pudo dormir, pensó y pensó mientras las horas pasaban… ¿Cómo sería el Dragón? ¿Qué reacción tendría ella al verlo? ¿Realmente llegaría? Miles de preguntas fueron rondando su mente y éstas mismas le arrullaron.

Llegó el amanecer, y con el primer rayo de sol Lilu salió de casa con una mochila al hombro. Comenzó su camino hacia el bosque de las cien sombras, punto inicial que había indicado el anciano para comenzar aquél recorrido.

Después de mucho andar se encontró internándose en el bosque, el espesor de las copas en los árboles impedía el paso de la luz, y este ambiente creaba un efecto nocturno que apenas dejaba ver el camino entre penumbras. La variedad de árboles era sorprendente, pero más insólito aún era el silencio que se vivía, no se escuchaban pájaros o fauna de ninguna especie.

Lilu siguió caminando, en línea recta para no perderse ya que lo único que debía hacer era atravesar el bosque, sin embargo el día transcurría, o al menos eso le decía su concepto del tiempo dentro de ese lugar, cuando comenzó a notar algo extraño en su camino… Los mismos árboles, las mismas ramas en el camino, ¡Pero si ella viajaba en línea recta!

Entonces decidió hacer algo; tomó una piedra y marcó un árbol, con una rama marcó una flecha en la tierra que mostraba la dirección hacia la que caminaría (derecho como ella pensaba que iba) y retomó el camino. Después de un rato de andar, grande fue su sorpresa al toparse de nueva cuenta con el árbol que ella misma había marcado, volvió la mirada a la tierra y encontró la flecha, más desconcertada quedó al notar que llegó a la flecha exactamente por detrás de la dirección marcada, lo que significa que no pudo haber dado una vuelta ya que la hubiese encontrado de manera diagonal o por un lado.

Confundida y agotada, se sentó y trató de no desesperarse, no sabía hacia donde dirigirse, o si el intento de regresar la llevaría a algún lado. Se recostó y quedó dormida en medio del oscuro silencio que ahora era huésped de su sueño.

Después de algunas horas, el crujido de una rama cerca de ahí la despertó, trató de encontrar de dónde provenía el ruido pero sin lograr ubicarlo… de nueva cuenta otro crujido, esta vez volteó más rápido y solo pudo observar una sombra que se deslizó de un árbol a otro a gran velocidad. Atemorizada, tomó la mochila y se disponía a retomar el camino, mantenerse en movimiento parecía una mejor idea en ese momento.

Al recoger la mochila notó algo en el suelo… había otra flecha, una flecha que ella no había marcado, observó un poco más adelante siguiendo la dirección que indicaba la nueva pista, otra flecha, y así sucesivamente se definía un camino que antes no existía.

¿Quién había estado tan cerca de ella durante su sueño? ¿Sería seguro hacer caso de estas marcas? Dos cosas eran ciertas; si estuvo alguien tan cerca pudo haber hecho daño en ese momento y no lo hizo, y segundo, no tenía idea de cómo salir de aquél lugar o por donde caminar. Así que optó por continuar las pistas con el fin de averiguar en qué terminaba este asunto. Durante cada paso del largo recorrido sintió una presencia, era algo tenebroso en aquél bosque oscuro que parecía ausente de vida, pero ese mismo temor le dio ánimos para seguir cada momento.

Poco antes de finalizar el camino, a lo lejos, vislumbró un arco delineado por los árboles y al final… Luz. La luz de aquella tarde que indicaba el fin del bosque, o su inicio, porque a decir verdad Lilu no sabía hacía dónde se había dirigido. Caminó con paso un poco más apresurado, alegre de salir por fin de aquél oscuro y misterioso lugar, de pronto, un crujido más, detrás de unos árboles se asomó una silueta que impedía la salida de Lilu de aquél bosque.

La silueta dibujaba una especie de lobo, del doble de tamaño de un lobo normal, no se le distinguía ningún color y lo único que no era negro era el tono rojizo de sus ojos, que la observaban fijamente como amenazando cualquier movimiento. Con las fauces abiertas y emitiendo un gruñido que se confundía con el de un oso y un lobo, comenzó a caminar sigilosamente como cazador hacia donde Lilu se encontraba.

Lilu, más allá del miedo y ya en territorio del terror, trató de correr, pero ningún músculo de su cuerpo recibía señal de movimiento, estaba pasmada. El lobo comenzó a trotar, y poco a poco comenzó a correr para abalanzarse sobre la pequeña Lilu, quién con un rostro en lágrimas cerró los ojos y se ofreció al final.

El silencio… La calma…

Lilu abrió los ojos lentamente y no vio nada frente a ella, nada más que el lejano umbral de luz que delineaban los árboles. Volteó su mirada hacia el lado izquierdo, miró hacia la tierra, y grande fue su sorpresa al ver a aquél enorme y feroz animal tendido en el suelo, sin movimiento alguno, sin respiración.

Después de sacudir su asombro, se acercó para ver a detalle una flecha que estaba clavada en el cuello de la bestia, para ser más exactos, lo atravesaba. Lilu examinó la flecha y encontró curiosas las plumas que tenía en la parte trasera, no parecían plumas de ningún ave, o al menos, de ningún ave que ella conociera, sus colores eran vivos y llamativos, como si el arcoiris mismo hubiese prestado sus colores para adornarlas.

Volteó rápidamente hacia la dirección de donde pudo haber salido la flecha… no había nada, ni una sombra, ni un sonido.

Sin la intención de pasar un momento más en ese temible lugar y evitando cualquier otro encuentro no deseado, Lilu caminó al umbral de luz, la salida del bosque…

El cielo se tornaba rojizo con el atardecer, un par de pájaros atravesaron entre nubes y sobre el campo a lo lejos, se veían las montañas dibujando formas en el horizonte. Lilu tomó un profundo respiro, aquella imagen le daba renovadas fuerzas para continuar el viaje. No muy lejos se observaba un pequeño pueblo con algunos molinos que giraban al compás del aire, sujetó bien su mochila al hombro y se dirigió al pequeño poblado.

La tranquila caminata por el campo relajó los tensados músculos y el estresado momento por el cual había pasado hace algunas horas, después de todo y sin saber exactamente cómo… todo marchaba bien.

Continuará...

Carlos Abraham Navarro


domingo, 23 de noviembre de 2008

Lilu y el último Dragón (segunda parte)


El anciano dejó asomar una pequeña sonrisa, una sonrisa que contenía una mezcla de esperanza y secreta alegría. Volteó serenamente hacia Lilu, y respondió…

“Si te dijera que aún existen los dragones mentiría…”

Lilu entristeció la mirada y dejo salir un desaliento.

“Pero si te dijera que aún existe UN Dragón podrías tomarme por un desequilibrado, ¿No es así?”

Ella levantó la cabeza de manera apresurada y le clavó la mirada con una sorpresa que no dejaba espacio para la incredulidad. “¿Cómo es posible que haya sobrevivido? ¿Es en serio?”

El hombre, aliviado después de una pesada confesión continuó; “Más que nada es verdad, y es una agradable ocasión que también exista alguien que no se burla de ello y mejor, se encuentra interesado en escuchar. Pero tal vez desvié tu camino y debes tener cosas que hacer el día de hoy, no quisiera interrumpirte más”.

Lilu, tomando una posición más cómoda cruzó la pierna y dijo: “¡Dios mío! Nada más interesante que esto, se lo puedo asegurar. Por favor, dígame más”.

El anciano, cada vez más animado y presintiendo confianza en ella le explicó lo sucedido.

“Sí, según tengo entendido aún existe un Dragón, el último en su especie, muchos han escuchado esta historia y han partido en su búsqueda, de todos ellos una cuarta parte pudo regresar. No se sabe qué fue de los demás, sólo el porqué aquellos que regresaban de la búsqueda llegaban cabizbajos y derrotados” Rió un poco, “Hehehe, créeme pequeña, es muy fácil desarrollar el gusto por los dragones, pero una vez que se encuentran frente a ti hace falta demasiado valor para acercarte.

Es por ello que muchos regresaron humillados, pues aún cuando su empeño y valor les guiaron al Dragón, ante su presencia solo fueron testigos distantes que comprendieron la humildad del ser humano. Pero como resultado de su avistamiento y los términos que ellos describen, el último Dragón se encuentra en agonía, desplomado en una caverna sin fuerzas para volar, y aún en su mirada se observa la llama de la supervivencia y el ardiente deseo de no desfallecer. Sin embargo, no se sabe a qué naturaleza están ligados o cuál es el sentimiento que los alimenta, sin esta información no se puede hacer nada por él, solo resta compartir su esperanza”.

Lilu, entristecida por el conocimiento que buscaba, recordó aquella frase que escuchó alguna vez… ‘Aquel que busca la verdad, merece el castigo de encontrarla’. Pero en ese instante comprendió lo que aquella frase realmente significaba, no necesariamente debe ser un castigo, no a menos que la aceptemos como una sola verdad…

“Entonces…” Pensó Lilu en voz alta, “Usted sabe como llegar a él, en dónde se encuentra y todo lo referente a los dragones”.

El anciano ya esperaba esas preguntas, lo que aún dudaba era sus respuestas…

“Ciertamente, tengo información de cómo encontrarlo, y a pesar de que admiro tu interés en él y tus deseos de conocerlo debemos ser honestos, grandes bárbaros y guerreros han regresado débiles y tímidos, imponentes príncipes y caballeros retornaron humildes y cabizbajos, y no hace falta decir que estuvieron a una gran distancia de su presencia, ¡No podrían describir siquiera el color de sus ojos! Siendo así, pequeña, ¿Cómo piensas que será el cambio que a ti te describa después de eso?”

Lilu ni siquiera titubeó, inmediatamente respondió; “No lo sabré hasta no estar en ese momento y no puedo dejar pasar esta oportunidad. No me importa si lo veo únicamente desde lejos, quiero demostrarme que mi sueño no es un sueño, y de alguna manera siento que debo ir a donde él se encuentra, por favor, sólo dígame dónde está”

El anciano insistió en su pregunta, buscando con más certeza lo que esperaba… “El camino es bastante largo, dista de ser tranquilo, más aún, en palabras de los humildes es un viaje infernal. ¿Y quieres ir tú, hermosa y frágil criatura? ¿Quién te acompañaría? ¿Quién velaría tu sueño en la oscuridad del bosque, en la peligrosa extensión de las estepas y a través de las exhaustivas montañas? Quisiera tener la fuerza que tuve hace 40 años para acompañarte, pues mi deseo es también el tuyo, pero darte indicaciones es enviarte a una muerte segura y no podría tolerar eso en mi conciencia”.

“No quedará en su conciencia aquello que es mi decisión” Insistió Lilu, “No encuentro mejor motivo para aventurarme que la posibilidad de tener en vida la realidad de un sueño. Usted puede ayudarme a no desplomarme como el Dragón, de alguna manera presiento que el saber esto y nunca conocerlo haría a mi tristeza tan grande como la de él”.

Asombrado con tal respuesta, más que poder darle las direcciones para llegar al Dragón, sabía que debía darle las direcciones. Entonces, el misterioso hombre abrió una pequeña mochila que llevaba con él, y sacando tres objetos se los extendió a Lilu.

El primero era una esfera brillante, límpida pero no transparente, como si hubiera sido creada por miles de diminutos cristales. El segundo; un saquito del tamaño de una nuez, de color azul y cerrado por un listón. Y el tercero; Un pergamino que curiosamente no parecía abatido por el tiempo, legible hasta su última parte.

Al momento de entregarle a Lilu estos objetos, el anciano le dijo: “No puedo darte más, como decía, quisiera poder acompañarte, pero lo único que puedo hacer en estos momentos es entregarte esto. La bola de cristal es una “Lágrima de Ángel” se debe presentar ante el dragón según las leyendas que generación tras generación tuvieron como legado los descendientes de la tribu de los Dracos. ¿El motivo? Nadie lo sabe puesto que nadie ha cruzado miradas con el Dragón. Pero es imprescindible llevarla consigo al momento de estar frente a él. El pequeño saco azul, únicamente debes abrirlo si tu vida corre peligro, es muy importante que no olvides esto, si tu vida no corre peligro no debes abrirlo por ningún motivo. Y por último, en este pergamino puedes encontrar el mapa que indica la ubicación de la guarida del Dragón, desde el punto en el que estamos, supongo que tendrás que atravesar el bosque de las cien sombras, llegarás a la estepa de la demencia, después cruzarás el mar de la eterna serenidad, y una vez que te encuentres a los pies de la montaña de la pureza, estarás bastante cerca de la caverna que sirve de casa para nuestro amigo”

“Como te dije, es un viaje bastante largo y peligroso, pero algo me dice que tu decisión será la llave de tus logros”

Lilu quedó sin habla, no esperaba que el hombre consintiera de tal manera y más aún le entregara elementos tan significativos para llevar a cabo lo antes mencionado, sin embargo no quiso tentar a su suerte y decidió no hacer más preguntas, bueno, quizá sólo una más…

“Mencionó algo sobre la ‘tribu de los Dracos’ y la ‘lágrima del ángel’ ¿Qué es eso?”

Él respondió: “Pequeña Lilu, la leyenda de los Dracos es merecedora de otra historia y me llevaría mucho tiempo el narrarla de manera completa, pero puedo resumir que los Dracos fueron los guerreros guardianes de los dragones, hombres que conocieron sus secretos y dedicaron sus vidas al resguardo de esta especie y estas esferas, si, varias de ellas, porque antes se hallaban muchas más pero no todas sobrevivieron al paso del tiempo y de los hombres. Los Dracos, que conocían mejor que nadie a los dragones, se llevaron a la tumba los secretos y el designio de la esfera, está en nosotros volver a descubrir su significado y cuidar lo que debe ser cuidado”

Impaciente y de manera apresurada, Lilu preguntó de nuevo; “¿Es usted un descendiente de los Dracos?”

“No, simplemente un gran admirador y leal sustituto de ellos” Dijo sonriendo,

“Pero mi tiempo está llegando y debo dejar en buenas manos esta esfera. Me fue revelado tu nombre y tu rostro en un sueño pasado, y discúlpame si en un principio dudé de tu capacidad para resguardar la historia y el objeto, pero incluso a mí me sorprendía que tú podrías ser la siguiente. No soy nadie para cuestionar las extrañas promesas del destino, y ahora lo cumplo. Emprende tu camino Lilu, tu historia, persigue el sueño que dejará de serlo”

Dicho esto, el anciano se levantó y mirando por última vez a Lilu de manera tierna y cariñosa, con un fuerte aire de esperanza, se dirigió hacia fuera del camino. Lilu recordó el inicio de tan extraño tema de conversación y con un grito preguntó:

“¿Qué pasó con el clima?”

El anciano respondió a lo lejos, “Ya tienes una pista de la naturaleza que puede estar ligada a los dragones” y desapareció al pasar detrás de un árbol.

Con tres objetos y mil preguntas, Lilu sentía que estaba viviendo algo que no era real. ¿Cómo pasó todo esto? ¿Quién era el anciano? ¿Cómo se llamaba? Las preguntas no dejaban de pasar e incrementaban más y más. De pronto, sostuvo la lágrima del ángel en su mano y despertó de las dudas. “Tengo que prepararme para el viaje, no puedo perder ni un minuto”

Se levantó y regresó a casa para descansar y comenzar su viaje a la mañana siguiente, un viaje que más allá de ser desconocido sería una odisea que ni aún el futuro tendría contemplada. Porque en ese momento, Lilu hizo dudar al futuro.


Continuará...

Carlos Abraham Navarro.



sábado, 22 de noviembre de 2008

Lilu y el último Dragón


Una tarde de mayo, Lilu, como siempre apurada, acudía al cercano bosque para reunirse con su árbol favorito y encontrar la calma que necesitaba, para entrar en ese estado que le permite retener y comprender el porqué de las cosas, y presentir el cómo de las cosas que estaban por venir.

En el camino renegaba una vez más sobre el mal aspecto del cielo y el terrible clima, ya que la privaba de aquellas hermosas noches alumbradas por estrellas, le quitaba el sol de cada día, aquel sol que entusiasmaba los corazones de la gente y provocaba las sonrisas. Entre el ir y venir de su inconformidad con el clima, sin quererlo pensó en voz alta, y un anciano que se encontraba sentado en la orilla del camino a no mucha distancia alcanzó a escuchar la queja de Lilu.

El anciano lentamente se levantó y se acercó a ella, su aspecto era extraño pero no atemorizante, era alto, de largas barbas blancas, más que con ropa con una especie de túnica que le daba una sabia y tranquila apariencia. Con una amable sonrisa observó a Lilu mientras se atravesaba en su camino, y unas palabras se acercaron al mismo tiempo que lo hacían sus pasos…

“Así que no te agrada este clima, ¿Cierto?” Lilu, desconcertada, sonrió de una manera amigable pero a la vez un poco desconfiada, “No, es terrible”. El hombre sonrió y le dijo “Pero… ¿No sería mejor preguntarse el porqué este clima durante tantos días?”. “Ha de ser la estación, o quizá nada más mal tiempo, ¡Caray!, que sé yo, pero debería mejorar”.

Entonces el anciano la observó, como si algo planeara su mente, y le confesó algo que daría un rumbo diferente a ese día en especial… y a muchos más. “Para estar inconforme con el tiempo pareces muy desinteresada en su motivo, o será tal vez que ni siquiera sospechas lo que realmente sucede…” Y dicho esto, el anciano se encaminó a su orilla y tomó asiento de nueva cuenta.

Lilu se interesó en el extraño comentario de aquél personaje, en la manera que dijo eso en medio de un implícito suspiro y en su tristeza cuando se alejaba, entonces se acercó a él y sentándose a su lado, con un tono resignado dijo, “Está bien, ¿Porqué está tan terrible el clima?” Él la miró con una sonrisa, el tipo de sonrisa que utilizaría un niño después de lograr su travesura, y comenzó una historia…

“Hace mucho, mucho tiempo, el mundo estaba habitado, no sólo por el hombre. Cerca del hombre y entre los bosques vivían duendes, unicornios, hadas, y toda especie de criaturas que hoy en día solo recuerda nuestro pasado. En las cavernas; los ogros, los goblins y los minotauros, en las praderas; los elementales, en los mares; las sirenas… el mundo estaba repleto de fantásticos seres, y se llenaba de magia, colores y alegría. Pero el hombre, en su eterno deseo de obtenerlo todo y controlarlo todo, fue terminando con esto paulatinamente.

Mientras el hombre más contaminaba el mar, las sirenas desaparecían. Cuando exploraba en las cuevas y extraía los minerales, el oro, los rubíes y diamantes, los seres de las cavernas de igual manera se extinguían.
Y así sucedió con los unicornios, hadas y duendes cuando se talaban o incendiaban los bosques, y con los elementales cuando las guerras se presenciaban en las praderas. Con todos estos seres maravillosos, menos con una especie, la especie más admirada, temida y respetada por todas las demás, el majestuoso Dragón.

Los Dragones surcaban los cielos y nadie sabía en donde vivían, o el porqué ellos no se estaban extinguiendo tan rápido como los demás. Hasta hace un par de siglos se supo de personas que presenciaron la sombra en la tierra y la gloria en el cielo, de un Dragón que sobrevoló ante sus miradas. Pero después de eso… nada se ha sabido”.

Los ojos de Lilu estaban abiertos completamente mientras se encontraba sumergida en la historia que contaba el hombre, su mirada reclamaba más leyenda, pero su imaginación cesó el vuelo y preguntó al anciano… “¿Entonces? ¿Cuál fue el motivo por el cual se extinguieron los dragones? Y… ¿No estábamos hablando del clima?”

El misterioso hombre rió, y retomó aire observando el cielo, como si estuviera viendo en ese preciso momento a los legendarios Dragones volar a través de él. “El clima… sí, es triste. ¿Los Dragones?...” Después de otro suspiro, continuó; “Pequeña… El mundo se ha ido acabando o ha sido acabado, lo cierto es que los errores que hemos tenido en la historia nos ayudan a reparar en aquellos que están por venir. Pareces de buen corazón, y te diré algo, el clima no está mal; está muriendo.

Porque así como cada criatura estaba ligada a su naturaleza, si moría la naturaleza moría esa especie, si moría la especie, así también esa naturaleza terminaba. Formaban parte el uno del otro. Pero eso no es todo, también existía una unión entre la especie, la naturaleza, y un tercer elemento… un sentimiento.

Cuando se extinguieron los unicornios decayó la imaginación, al desaparecer los minotauros se debilitó la fuerza, y sin el canto de las sirenas el hombre cada día se encuentra más falto de razón.
Pero los Dragones… fuertes y admirados, temidos y olvidados, se mantuvieron hasta el último aliento y más allá que todos los demás seres ajenos al hombre. Y aún, sus alas baten sin elevar el vuelo, sus narices respiran, pero sólo para limpiar el suelo donde reposa su cansada cabeza.”

Entusiasmada, Lilu, clavó la mirada en los ojos del anciano como si quisiera arrancarle en una respuesta toda la verdad… “¡Cómo que aún! ¿Todavía existen Dragones?”

Continuará...

Carlos Abraham Navarro